El desafío FinTech para las Microfinanzas

Ignacio E. Carballo
Las FinTech (contracción de ‘Finanzas’ y ‘Tecnología’), son una afamada rama dentro de la innovación que propone oportunidades y desafíos a la oferta, demanda y regulación de los servicios financieros. Sin embargo, términos como FinTech (o BigTech, RegTech, entre otros) son conceptos oriundos del marketing y carecen de contenido preciso o estandarizado.

Por ejemplo, el Foro Económico Mundial utilizó una descripción funcional de FinTech al decir que: “FinTech se ha convertido en un término de uso frecuente, que se refiere a las empresas que proporcionan o facilitan servicios financieros mediante el uso de la tecnología. En su forma actual, las FinTech´s están marcadas por compañías de tecnología que desintermedian las instituciones financieras formales y proporcionan productos y servicios directos a los usuarios finales, a menudo a través de canales en línea y móviles”.

Empero, el término también se utiliza para referirse a la tecnología actual, por ejemplo las nuevas herramientas y sistemas que apoyan los servicios financieros con enfoques innovadores en las entidades vigentes. En esta línea, la Alianza para la Inclusión Financiera (AFI), ha adoptado una definición de trabajo un tanto disímil definiendo a las FinTech de manera más integral como: «El uso de nuevas tecnologías para hacer que los servicios financieros sean más eficientes, convenientes y asequibles».

Por lo dicho, aunque es naturalmente difícil diseñar categorías en un fenómeno tan cambiante y aún en plena gestación y debate, dentro de las grandes tendencias del mundo FinTech que se esgrimen como disruptivas para las finanzas podríamos diferenciar cuatro grandes grupos o corrientes (no taxativas):

  • Análisis Big Data: es la ciencia de examinar la “big-data” para descubrir patrones ocultos, tendencias del mercado, preferencias de los clientes y otra información útil. Incluye algoritmos de inteligencia artificial. Una de las aplicaciones clave de inclusión financiera de big-data analytics, es en relación con el scoring crediticio.
  • Identificación Biométrica: la identificación biométrica dispensa pruebas documentales de identidad mediante el uso de rasgos corporales y personales como huellas dactilares, análisis de voz, patrones de iris, concordancia de venas, análisis de la marcha, etc. para identificar a una persona. Es particularmente prometedora para una protección al consumidor de vanguardia.
  • Dinero Móvil: se refiere a servicios en los que el teléfono móvil se utiliza para acceder a servicios financieros. Incluye banca móvil y transferencias y pagos móviles.
  • Mondas Digitales o Virtuales: un tipo de dinero digital no regulado, que es emitido y generalmente controlado por sus desarrolladores, y utilizado y aceptado entre los miembros de una comunidad virtual específica.

Por su parte, las Microfinanzas han ido abordando múltiples definiciones a lo largo de su historia. Tanto aquella que las describe como “servicios financieros para agentes excluidos del sistema formal, en situación de pobreza o sin colateral” como otras más simplistas que hacen hincapié en sus características específicas, destacando los créditos de bajo monto o los depósitos pequeños.

Sucede que estas definiciones son correctas y describen la vorágine microfinanciera, pero adolecen de faltantes. Una definición más contemplativa, y por ende más certera, es aquella que define a las microfinanzas como: “Una innovación metodológica en la forma de ofrecer servicios financieros a clientes excluidos de la banca tradicional cuya característica principal es la creación de activos no tangibles”.

Esta definición, amplia en el sentido de su integralidad, es particularmente ventajosa dado el gran número de servicios, productos, metodologías o modos de ejecutar las microfinanzas que se han desarrollado alrededor del mundo. Una definición limitada podría excluir una serie de servicios que no corresponden a la banca tradicional y también dejar afuera a aquellos servicios o tecnologías financieras futuras como las que prometen las FinTech.

El eje común en todos los esquemas microfinancieros se encuentra en superar las barreras que el sistema financiero tradicional no puede sortear. Allí, donde la información asimétrica, la falta de colateral, el racionamiento del crédito y tantas otras vicisitudes son la regla, las microfinanzas esgrimen una metodología diferencial. Por ejemplo, yendo a buscar a sus clientes, ofreciendo esquemas flexibles, analizando el flujo de ingresos del hogar y no sólo del negocio (incorporando aquí plenamente el concepto de fungibilidad), creando garantías solidarias o grupales, entre otros posibles ejemplos.

No obstante, la mayor innovación en las microfinanzas consiste en trabajar sobre los incentivos. En este sentido, las microfinanzas funcionan creando un activo no tangible que se sostiene en base a la promesa de servicios futuros. Es la relación personal de confianza o cercanía creada con el cliente la que funciona como móvil central para reducir la incertidumbre y el riesgo creando incentivos claves al comportamiento del cliente.

Este nuevo activo que es la relación de confianza, hace las veces de un colateral psicológico que el sistema financiero tradicional pareciera haber olvidado o bien relegado únicamente a un puñado de clientes selectos (los “más importantes” de su cartera). Es dicho componente social que poseen las microfinanzas con sus clientes, inherente de cercanía y confianza, aquel que podría verse afectado frente a la impersonalidad que implican los nuevos sistemas de scoring con base a inteligencia artificial, el mobile-banking, el big-data, etc.

A medida que las instituciones microfinancieras introducen herramientas digitales o FinTech´s como nuevos canales de recopilación de información y comunicación para interactuar con sus clientes o brindar servicios, las relaciones cara a cara entre los clientes y la institución de microfinanzas (lo que ha sido su principal innovación) entra en riesgo.

Por ejemplo, el contacto personal en microfinanzas ha ayudado tradicionalmente a determinar la capacidad de pago, pero a medida que surgen nuevas herramientas digitales y nuevas formas de determinar esta capacidad, algunas instituciones lo han relegado. Las posibles pérdidas, particularmente para aquellos grupos con menos acceso al mundo digital, pueden ser muy importantes.

En medio de la revolución FinTech, la pregunta entonces es: ¿Hasta qué punto y de qué manera pueden las instituciones de microfinanzas pasar a ser digitales sin perder las relaciones que han construido con sus clientes?

Está claro que la digitalización de las microfinanzas presenta tantas ventajas y oportunidades como desafíos. Sería prematuro concluir que la digitalización desintegra las relaciones y la confianza construida entre las microfinanzas y sus clientes. Para ello, sería necesario realizar una serie de experimentos con el fin de determinar si el uso de herramientas digitales y la prestación de servicios financieros a través de estos canales conducen efectivamente a la desintegración de las relaciones entre las instituciones y sus clientes.

Lo certero es que las microfinanzas deberán considerar las herramientas digitales como complementos en lugar de sustitutos en la adquisición de información y el desarrollo de relaciones. Como dijimos, la confianza y la información son de importancia crítica cuando las instituciones de microfinanzas otorgan servicios a personas en la base de la pirámide. Por lo tanto, el nexo entre la digitalización, la confianza y las relaciones es motivo de preocupación y un área vacante para futuros estudios.

Artículo publicado originalmente en la revista FinTech en Español Séptima Edición, para descargarla haz click aquí

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